martes, 7 de mayo de 2013

EL REPARTO DE LOS LIMONES

Por PALOMA ALES El reparto de los limones Es el ejemplo más clásico en mediación y no hay manual que no se refiera a él. Se trata de la historia de dos hermanas que discutían por media docena de limones. Cada una de ellas defendía que necesitaba todos los limones para sí y, tras varias horas de contienda, llegaron a un acuerdo duramente negociado que resultó ser que la hermana menor se quedaría con 4 limones y mientras la mayor contaría con 2. Esta solución resulta bastante desacertada, sobre todo si tenemos en consideración que la verdadera solución habría sido muy fácil, de haber existido una mejor comunicación: Si la hermana mayor se quedaba con las cortezas, tendría todo lo que necesitaba para hacer un bizcocho; y, si la hermana menor se quedaba con las pulpas, obtendría todo el jugo para la limonada que quería hacer. En un intercambio que podría ser muy afortunado, suele ocurrir que las partes renuncian a algo que les importa menos por algo que desean más, sin considerar a veces la posibilidad de que ambas partes puedan obtener exactamente lo que desean. La importancia de un buen comunicador, que consiga profundizar en los verdaderos intereses de dos partes enfrentadas se pone de manifiesto con un simple relato, un cuento que nos invita al pensamiento y la reflexión. Llama la atención el hecho de que, a pesar de esto, las dos hermanas quedaron satisfechas con el resultado; posiblemente ninguna fue consciente de lo lejos que estaban de haber llegado a un resultado óptimo. En la disputa cada una se centró en defender su posición (quedarse con un número determinado de limones), posiblemente sin pensaran en ningún instante en el para qué o el por qué de su deseo de quedarse con ellos. Ambas hermanas cedieron en la mitad de sus pretensiones, pero una cedió un limón de más para conseguir la pronta resolución de la discusión. En caso de que hubiesen profundizado cada una en la razón de sus posturas habrían podido llegar a una solución muy buena al problema, poniéndose fin a la disputa de la manera más beneficiosa para las dos partes. Esto ocurre cuando las partes reclaman sus intereses sin ir más allá de lo que aparentemente se está negociando. Si hubieran hablado con claridad, la solución habría llegado directa y fácilmente. Resulta muy importante establecer un contexto de negociación que permita a las partes ir más allá de sus anclas iniciales. El punto de partida siempre debe ser el conocer a dónde quieren llegar las personas que se sientan con nosotros en una mesa de mediación. Cuando en mediación hablamos de tratar intereses de las partes, significa que estamos intentando pasar por alto lo aparente para llegar a lo sustancial. De esa forma se abrirá el camino a la construcción de acuerdos satisfactorios para ambas. Sucede que muchas veces las partes están más preocupadas de hablar y de convencer acerca de lo que ellos quieren que de escuchar y de entender lo que el otro pide.

1 comentario:

José Antonio Pérez Muñoz dijo...

Muy buen aporte, totalmente de acuerdo, a veces no profundizamos en la problemática para encontrar una solución lo más adecuada y justa posible, solo nos quedamos en lo superficial para encontrar una solución rápida, que en la mayoría de los casos no es la mejor. Un saludo.