jueves, 13 de julio de 2017

MÍRAME A LOS OJOS...

Mírame a los ojos…

Siempre hemos manifestado nuestra disconformidad cuando ante una conversación, nuestro interlocutor, no nos miraba fijamente a los ojos y también hemos de decir que si lo hacemos por nuestra parte estamos demostrando nuestra seguridad y cercanía.  
Eso no quiere decir que no haya personas que les cuesta mirar a los ojos  y solamente se consigue un contacto visual en el diálogo o conversación muy de vez en cuando. No es de extrañar que si como dicen los expertos el 75% de lo que mostramos es a través de la llamada “comunicación no verbal”, la mirada a los ojos sea un importantísimo semáforo de la seguridad, de la legitimidad y de la credibilidad de lo que decimos. Necesitamos saber con la mirada, las sensaciones que transmiten en una conversación y más si cabe como ocurre en la mediación, en una negociación asistida.
Cuando hablamos del tono de voz, otros de los síntomas a tener en cuenta, es verdad que quizás cueste comprender lo que se dice o las sensaciones; si gesticulamos, también es verdad que depende mucho del contenido de la propia conversación, pero a través de los ojos y la mirada podemos ver “el alma de esa conversación” y transmitiremos una seguridad y cercanía que el resto de personas agradecerán. Con ello a buen seguro, nos permitirá conseguir eso que es tan importante, como es que crean en nosotros y que los mediados crean en lo que dicen. La credibilidad en nuestra profesión de mediador es importantisima para el “viaje que realizan las personas por el proceso”
De igual forma, en el reverso de la moneda, cuando alguien nos habla sin mirarnos a los ojos o en su caso distrae la mirada en una conversación hacia otro lugar u objeto, ante la falta de atención, la posibilidad de interpretar se minusvalora y sobre todo… la confianza decae. Con independencia de lo que muchas veces nos dicen los expertos a la hora de hablar de que supone una huida del tema o quizás la falta de sinceridad en las próximas frases, nosotros percibimos la deslegitimación a lo que hacemos.
Miremos a los ojos, y dejemos traspasar la frontera de lo que piensa nuestra mente. Loa atención y sobre todo “Los pensamientos de una persona pueden determinarse mirando sus ojos“-England, Regiment of Life, 1545.
No seamos intimidantes ni agresivos, seamos nosotros mismos, si estamos agradecidos, digamoslo con los ojos, si estamos indignados digamoslo con los ojos. Desde que se empezó a conocer y trabajar hace ya tiempo la Programación Neuro Lingüística, se analizó la dirección de la mirada, el parpadeo, la dirección de la mirada, la dominancia, la seducción
El llamado “contacto con los ojos” es una de las formas más fáciles de utilizar lenguaje corporal, pero también es una técnica complicada de dominar, e interpretar; nos obstante quizás lo más importante sea… la confianza en ti mismo y la complicidad en lo que haces y dices. Por eso queridos amigos… mírame a los ojos

martes, 20 de junio de 2017

LA INTELIGENCIA JURÍDICA EN MEDIACIÓN

La INTELIGENCIA JURIDICA EN MEDIACIÓN.
Javier Alés Director FIMEP
“LA DUDA ES EL COMIENZO DE LA SABIDURIA” de ahí que me atreva a hablar como jurista y mediador de la INTELIGENCIA JURIDICA, porque no. Fue Howard Gardner y los miembros de la prestigiosa Universidad de Harvard, casualmente también la del origen de la mediación, quien ideo la Teoría de la Inteligencia múltiples, en las personas. Gardner propuso que la vida humana requiere del desarrollo de varios tipos de inteligencia. Así pues, Gardner no entra en contradicción con la definición científica de la inteligencia, como la “capacidad de solucionar problemas o elaborar bienes valiosos”, más bien la complementa.
Junto a la inteligencia, los mediadores analizamos y trabajamos las emociones, aquellas que básicamente influencian en nuestra biología y por tanto influyen en nuestro estado de ánimo, más cuando estamos ante un conflicto. De ahí que nosotros a nuestros mediados animemos a gestionar sus pensamientos de tal manera que ante un conflicto (y la mayoría de ellos de carácter jurídico, lo que hace inevitable muchas veces el juicio), vean el lado positivo, desechando el influjo negativo; lo que llamamos la “oportunidad” ante lo adverso.
Todo ello, pensamiento e inteligencia, asi como emociones, es promovido por nuestra conciencia, que elabora respuestas ante la crisis que pudiéramos vivir.
Pues bien, aquí es donde apuesto por la que denominaríamos INTELIGENCIA JURIDICA, aquella que nos hace analizar el derecho como objeto de la inteligencia, y como herramienta, para que la JUSTICIA guie nuestras decisiones y acciones, siendo conscientes de que uniendo sentimientos y derecho podemos hallar lo justo y equilibrado. La principal conclusión es el valor estratégico que puede tener el derecho, cuando analizamos un conflicto en mediación, conforme mejor sea dominado, se producen ventajas en la negociación. De esta forma, si nuestra misión en una mediación es mantener el equilibrio, y en cualquier caso conseguir el “win to win”, analizando básicamente las necesidades, por encima de las posiciones, no puedo más que implorar en el mediador el dominio de la llamada INTELIGENCIA JURIDICA
Siempre hemos oído, desde pequeños que cuando alguien es justo en una negociación, o manifiesta inquietud si ve una injusticia,  lo etiquetamos como “persona de buen corazón”
Pues bien, dicen expertos que se puede demostrar que alguien que opera con esos sentimientos, es más una respuesta racional del cerebro, independiente de las emociones vertidas.  
“El estudio, publicado en The Journal os Neuroscience y liderado por el profesor de Psicología y Psiquiatría de la Universidad de Chicago Jean Decety, consistió en registrar mediante resonancia magnética funcional la actividad de varios sujetos mientras les ponían vídeos de situaciones en las que se cometía una injusticia manifiesta. En una de las situaciones, por ejemplo, alguien echaba dinero en el vaso de un mendigo y en la siguiente alguien daba una patada y le tiraba todas las monedas. Los participantes debían valorar en una escala la actitud del protagonista del vídeo, de modo que los científicos podían tener un retrato bastante aproximado de su capacidad de empatía.
Pues bien, los voluntarios que eran más sensibles en las injusticias presentaron una actividad notablemente mayor que la media en las regiones del cerebro asociadas con decisiones racionales y conscientes, mientras que las áreas relacionadas con las emociones permanecían inalteradas. "Los individuos que son sensibles a la injusticia no parecen estar conducidos por las emociones", concluye Decety, "sino que se conducen por la parte cognitiva".
Por eso me gustaría concluir que el dicho “Pleitos tengas y los ganes”, que nos lleva al consabido “más vale un mal acuerdo que un buen juicio”, hemos de desmontarlo los mediadores, ya que se trata de decir “ más vale un buen acuerdo que un mal juicio”  pero para ello apostemos por la INTELIGENCIA JURIDICA una más a la primitiva propuesta de Gardner
En los años que llevo ya como mediador, he visto personas en conflicto que entraron con el cuchillo entre los dientes y que tras nuestra intervención, en la que básicamente introdujimos el “factor humano” del conflicto, pero sobre todo rebajamos las pretensiones de los mediados buscando y aplicando la INTELIGENCIA JURIDICA que nos posiciona ante los justo, para conseguir lo estable y duradero. 
Puedo decir que últimamente las emociones lo están invadiendo todo. Y que asi sea, por eso cuenta más la solución amistosa que la solución justa.   Queridos amigos, consigamos ver el conflicto con las lentes de la razón y la lógica, pero sobre todo con la llamada “inteligencia jurídica” , asi acertaremos en la estrategia a seguir en el proceso de mediación.


Javier Alés. Junio 2017. 

lunes, 19 de junio de 2017

AMAR O QUERER LA MEDIACIÓN

AMAR O QUERER LA MEDIACIÓN
Cuando hablamos de amar o querer, confundimos los términos para hacer ver que nos gusta aquello a lo que nos referimos. Pues bien yo os puedo decir que “amo la mediación”; y  con ambas palabras nos involucramos en cuestiones sentimentales, por eso amamos o queremos nuestra profesión, a nuestra familia, a nuestra pareja. Si bien empleamos ambos términos no debemos confundirlos ya que según la Real Academia Española de la Lengua, estos términos poseen significados distintos.
Amar, es un verbo, que proviene de la palabra "amor", que significa: acción de expresar un sentimiento intenso, que por su iniciativa busca encontrarse y unirse con otro ser, es decir que tiene una innata atracción, inclinación y entrega de una persona hacia otra, y cuyo objetivo es procurar la reciprocidad en el anhelo de la unión de dos seres; y ello implica comunicación, convivencia, complemento y una relación afectiva, basada en la decisión y consentimiento de sus propias voluntades.
Querer, es también un verbo que significa que una persona pretende cumplir su deseo, es decir busca poseer o apetecer algo o a alguien, para su propia satisfacción personal, es decir, hay una inclinación, un interés, teniendo una connotación egoísta y posesivo.
 Por eso os puedo hablar en primera persona que amo la mediación. La amo porque en mi existe un sentimiento altruista y desinteresado de servir a esta maravillosa profesión. Ello conlleva humildad, saber hacer cosas sin que exista nada a cambio. Así se constituyó el Foro Internacional de Mediadores Profesionales de Loyola, para quienes amamos la mediación
Querer es un deseo que implica buscar una satisfacción y os puedo asegurar que a lo largo de mi vida profesional he visto a muchísimos mediadores y mediadoras que quieren la mediación.

Sobre todo lo notamos cuando tratamos de exagerar nuestro gusto por algo. Decimos "amo la playa" o  "amo el baile", cuando bastaría expresar que solo te gusta, y por tanto lo quieres para ti. Casi sin dar nada a cambio. La mediación requiere de amantes, no de personas que le quieran. La mediación necesita que “le demos nuestras experiencias”, que nos entreguemos a ella, que sepamos sembrar, para conseguir esa ansiada “cultura del acuerdo”. Toda la vida le estaré agradecido por haberme cambiado. Querer es poder, amar es dar.

¡cuantos mediadores se han acercado a la mediación porque la quieren… pero no la aman!

miércoles, 31 de mayo de 2017

NECESITAMOS ACTITUD



ACTITUD PARA AYUDAR A LOS DEMAS
Cuando ayudas a los demás, podemos decir que te estás ayudando a ti mismo. Cada vez que lo haces, te viene ese sentimiento por duplicado como un efecto boomerang. Cuando nos formamos, se habla de ponerse en el lugar del otro, ser asertivos, empáticos, pero creo que nos olvidamos de lo más esencial: tener actitud para ayudar sin pedir nada a cambio. El sentimiento de utilidad, la satisfacción por lo que consigas se multiplica y nosotros, mediadores, creemos que puedes y debes hacerlo. Desde la perspectiva de la ayuda, se devuelve el interés del otro por su solución. 

Pero, ¿es posible ayudar a tu enemigo?, mi respuesta es, ¡¡ porque no!! Una vez entreviste a un médico que salvo la vida de alguien que al huir de la comisión de un delito se cayó al vacio, y sabes que… acababa de disparar con un arma a un amigo del doctor. Me chocó la serenidad con la que me dijo, “el hombre debe tener siempre un margen de ayuda a los demás que consiga humanizar la vida” Ayudar y compartir puede ser una oportunidad para salir adelante. 

Cooperar en la solución, mejora las relaciones de futuro o al menos, esquiva sus efectos negativos en adelante.

Por eso alguien que es generoso en el esfuerzo por comprender a los demás y apostar por no ser egoísta en las soluciones, siempre será alguien positivo que hace cambiar la perspectiva de los problemas.

Cuando uno es voluntario con el fin genuino y sincero de ayudar a los otros por gusto y con la pura intensión de dar sin esperar nada a cambio, surge un sentimiento de satisfacción y hasta de encanto que nutre y enriquece inmediatamente. Las capacidades personales se mejoran y la sensibilidad se afina logrando que finalmente todos salgan beneficiados.

Tenemos que ser creativos en el acto de ceder y conceder ya que supone un acto de sensación de energía positiva que consigue que los demás sean conscientes de esa misma corriente de luz y mejora las relaciones 

¿Cuándo fue la última vez que ayudaste o sorprendiste con un buen detalle a alguien?

martes, 9 de mayo de 2017

El mediador de Loyola o... Cómo ser creativo

En la búsqueda de la excelencia, no olvidamos la importancia de la creatividad. Junto a una buena base científica, el mediador de Loyola se acredita defendiendo un “proyecto real de implantación de servicios de mediación” y para ello el profesorado potencia su creatividad. ¿Cómo definiriamos en unas líneas, el Modelo Creativo de Loyola?.
Pensemos en 4 fases para interiorizar ese proceso:
1. La primera Fase sería de preparación, en la que se recoge la información relacionada con el problema, son las partes quienes aportan al mediador las claves del conflicto que están viviendo y el mediador. En esta fase solo vemos la manera obvia de solucionar un problema, y a ello les acerca el mediador para que vean luz a un callejón sin salida. Tenemos que prepararnos a buscar los justo antes que “lo legal”
2. En una segunda Fase hablamos de incubación. Una vez que el mediador reflexiona  acerca de todas las circunstancias relevantes  del conflicto, podemos dejar que el problema se digiera lentamente. Mientras que la preparación exige un trabajo activo, la incubación es más pasiva, subestimamos el poder del inconsciente, pero éste es mucho más fértil para las iluminaciones creativas que el consciente; aquí es donde más de una vez hemos hablado de la intuición como elemento para buscar ese sexto sentido que debemos tener para ver más allá.
3. En un tercer momento está Fase de inmersión. Durante todas las sesiones que llevemos de mediación,  el diálogo  está dirigido, controlado: ser atrevidos es realmente importante. Cualquier momento en que podamos soñar despiertos y relajados es útil para el proceso creativo y asi permitir, simplemente, que la mente sueñe despierta y podamos mediante la “lluvia de ideas” ser creativos; no se trata de pensamientos aleatorios, sino dirigidos hacia un fin: la búsqueda del “win to win”
4. Por último tendremos la Fase de inspiración o iluminación. Después de la inmersión y el soñar despierto puede llegarse  a la iluminación, cuando de repente se te ocurre la respuesta como salida de la nada en el conflicto que trabajamos (lo que hemos llamado magia de la mediación) esta en ellos con nuestra agenda encontrar esa «iluminación».  Es el momento que la gente anhela y ansía, aquél en que exclamamos: “por fin han encontrado algo de razón en la postura del otro” La etapa final es la traducción de la idea, en acción… la idea se vuelve útil y por tanto se reflejará en el acta final del acuerdo alcanzado.

Por último no te olvides que todos tenemos y nacemos con la posibilidad de ser creativos, lo que ocurre es que muchos crecen sin saberlo.