martes, 6 de octubre de 2020

¡¡ cerremos un trato!! el arte de la negociación.-

 

¡Cerremos un trato!: el Arte de la Negociación.
Javier Alés. Profesor de U. Loyola Andalucía

Cuando los mediadores intervenimos no debemos de olvidar nunca que nuestro trabajo consiste en “asistir de forma activa” a una negociación entre partes, donde las partes enfrentadas por un conflicto buscan principalmente (aunque esta se la consecuencia de recorrer el proceso de mediación) un acuerdo que satisfaga a cada uno sus intereses o necesidades. De ahí que pensemos que el arte de negociar supone crear un espacio donde los distintos intereses compartan protagonismo y consigamos una   negociación eficaz.
La clave en una negociación es la palabra y por ende la conversación, donde surge el lenguaje verbal y también la reacción del receptor cuando se emiten los mensajes Junto a ello tendremos en cuenta el componente emocional que en toda negociación existe y que puede afectar mucho al resultado final del “trato” o acuerdo
Nuestra formación debe ir encaminada a controlar esas emociones en la comunicación y convertiremos las palabras en “negociaciones eficaces” , porque debido a la tensión y nuestra labor “traductora” de mensajes, mediante la llamada reformulación, creando ese espacio neutro, puede hacer que nos metamos en un laberinto sin salida.
Aprender cómo negociar bien es crucial para el éxito de un acuerdo en mediación, donde buscamos lo que vulgarmente las partes llaman “un trato” y que no olvidemos que se encuentra sostenido por las 4 columnas que lo sustentes: que sea justo, equitativo, estable y duradero. Empecemos pues por nosotros mismos, los expertos en negociación, quienes podemos desvelar nuestros “trucos” para que una negociación sea efectiva. Yo me atrevería a establecer estas diez recomendaciones:

1.    Intenta conocer las debilidades y fortalezas de cada parte para así poder establecer una “carta de navegación en la negociación asistida. Cada uno se puede encontrar en situaciones diferentes.

2.    Consigue que las partes te puedan desvelar aquellas cosas que son irrenunciables y cuales no. Si ellos lo tienen presente siempre podrá producirse una negociación en la que se vea que las partes flexibilizan las posturas y por tanto existe avance.

3.    Intenta que las partes puedan reconocerse aunque no compartan sus puntos de vista. Esto te situará en un nuevo escenario donde con independencia de lo actuado, se espere un punto de inflexión donde ambos compartan el futuro que esté por venir en sus relaciones.

4.    Establece un calendario realista de trabajo. Crear esa hoja de ruta o calendarización, permite que se traten los puntos ordenados y no se avance hasta que no queden resueltas las cuestiones “prometidas”. Para ello necesitas paciencia y sabiendo que muchas veces el tiempo será tu aliado. Tal vez necesiten consultar a alguien para que les ayude a tomar la decisión. Las decisiones precipitadas son malas consejeras.

5.    Tienes que estar dispuesto al cambio. En las negociaciones, conforme se avanza, muchas veces surgen condiciones o circunstancias que no se veían en la punta del iceberg y que ahora afloran, cuando has conseguido un buen “rapport” , por eso siempre mencionamos tanto en nuestra formación como mediadores la palabra “flexibilidad”. Dicen los expertos que “El primer borrador debe ser negociado y cambiado”.

6.    Encarga tareas de futuro. Las partes en una negociación deben trabajar tanto o más que tu, en el sentido de que al ser los verdaderos protagonistas, deben plasmar aquello que desean de forma clara y contundente. Siempre se dice que no es lo mismo lo que se dice que lo que se escribe…¿me lo puede usted poner en un e-mail?. Siempre simplificaran sus pretensiones para acertar en la diana del acuerdo.

7.    Si hablamos de empresas…las negociaciones abren vías a nuevas oportunidades de negocio y a planes de expansión y crecimientoNegociar es un ejercicio que se perfecciona día a día, practica…teniendo claros los objetivos, recabando la información solo necesaria y planeando las intervenciones y preguntas que haremos.

8.    Escucha, empatiza, verbaliza…todas las técnicas y habilidades que puedas aprender deberás dominarlas para en función de la negociación que se produzca, sacarlas encima de la mesa, ese es el “as de la manga” que muchas personas creen que tienes y que no saben “cómo lo haces”. Y no te olvides del sentido del humor, que más de una vez hará falta.

9.    Ten una gran actitud. Mediación, comunicación, negociación… todo requiere de actitud porque “dos no llegan a un acuerdo si uno no quiere”, no lo olvides nunca.

10. Pregunta y Pregunta. No te canses de preguntar… “preguntando se llega a Roma”, siempre de forma prevista, sabiendo que objetivo conseguir con la misma, en tono abierto o conciliador, o en tono explorador y dinamizador, pero prepara bien las mismas. Y cuando no…utiliza el silencio.

No puedo más que terminar este breve ensayo diciendo que la vida es pura negociación. Buscamos un trato allá por donde vamos y ante esto nada más importante que la Inteligencia emocional
“Cuando entres en una negociación asume que las dos partes vais a buscar vías para ser lógicos” y por tanto ver más allá de lo que nos atañe y si no, en la negociación ayuda a que todas las partes lleguen a ese lugar donde se fragua el “trato” y “da tu palabra”… consigamos que el honor de la palabra vuelva a nuestra vidas. 

jueves, 24 de septiembre de 2020

La Co-mediación: un reto profesional para mediadores

 

Es muy socorrido hablar entre mediadores que quizás un asunto sea bueno verlo en co-mediación. Es más muchos hablan de la importancia de que en sesiones de mediación haya más de un mediador, pero, ¿de verdad sabemos y entendemos lo que supone una co-mediación?. Nunca dejo de bucear en los aspectos muchas veces más simples de la mediación, pero que no por simples, si no somos conscientes, viciamos su verdadera importancia

Me atrevo a decir que la base de la co-mediación se resume en la siguiente frase: cuando cuatro ojos ven más que dos

Para poder trabajar los profesionales en lo que llamamos la co-mediación necesitamos trabajar previamente aspectos muy importantes para que la misma sea una herramienta eficaz, asi tenemos que tener en cuenta la importancia de compartir una similar concepción acerca de las funciones que vamos a desarrollar ambos mediadores, una distinta de la otra; tener claro también los objetivos que perseguimos con esta herramienta útil, porque no olvidemos que los mediados, en cuanto a la concepción del conflicto que les trae a la mesa de negociación, si se encuentran ante un mediador, pueden tener según los expertos las siguientes reacciones:

          Identificación con el mismo: "... que suerte que estoy con alguien como yo.."

          Dependencia de la figura del mediador: "... él me ayudará a resolver mis problemas…"

          Enfados con el mismo: "... éste mediador me da caña…no me entiendeo… solo pregunta"

          ambivalencias: "... ¿,Pero al final con quién está: conmigo o con ella?

          Cierta desconfianza: "... Con el mediador que me tocó estoy perdido…" etc.

Por ello me atrevo a decir que en este sentido la co-mediación da la posibilidad de que estos "fenómenos" no surjan en lo que ellos llamarian "MI MEDIADOR”,  sino que, al ser dos, los mediadores, estos sentimientos pueden presentarse por separado, disociándose, de manera tal que la carga emotiva en juego, resulte más débil, y al mismo tiempo, “no dificulte la mediación”.

En consecuencia, quiero abogar en este artículo por el trabajo conjunto de los mediadores en procesos de gestión de conflictos, ya que además de evitar lo que ya hemos mencionado, que se produce con el mediador único, en la CO-MEDIACIÓN buscamos propósitos distintos, tan válidos o más que si fuera de forma única la intervención del profesional. Por eso puedo decir sin temor a equivocarme que trabajar con un compañero/a puede suponer grandes beneficios que redundan en el éxito del proceso:

          Ventajas para la formación: porque ayuda a mediadores noveles a practicar y trabajar casos con mediadores experimentados

          Ventajas de supervisión, al compartir los profesionales lo que observan tras la sesión, el compromiso, sus percepciones

          Ventajas para proporcionar equilibrio de género y/o cultural según el asunto; imaginaros un mediador hombre y una mediadora mujer en supuestos de género

          Ventajas para aumentar la gama de técnicas a utilizar, ya que repartimos los roles en la intervención

          Ventajas para cambiar la dinámica del proceso de forma estructurada, dentro de la flexibilidad del mismo

          Y también, ventajas para aumentar el número y clase de estrategias a utilizar

Se formaría por tanto, lo que tambien podriamos llamar “Equipo Colegiado” y conseguir equilibrio en nuestro trabajo, crear un espacio para perspectivas más amplias, mostrar apoyo entre mediadores, en definitiva establecer lo que podrimaos llamar un “Modelo de debate Constructivo” en la mediación

Os parecerá una obviedad, pero muchas veces por no aclarar, confundimos lo que sería una intervención de “Equipo Multi-Disciplinar” o incluso “Un Peritaje” con lo que supone la co-mediación, nada más lejos de ello

De igual forma os animaría aclarado lo anterior a trabajar la CO-MEDIACIÓN INTERDISCIPLINAR , en el que principalmente ya no es solo que intervengan dos mediadores en el proceso, sino que ambos sean de origen de disciplinas distintas. Si fuera así (de ahí la importancia hoy en dia de las instituciones mediadoras), se produciría un abanico de especialización más amplia, para la Intervención en temas interrelacionados y una mayor creatividad en la generación de opciones

No olvidemos para apostar por la co-mediación interdisciplinar que la persona en conflicto es una persona compleja. Puede elegir un modelo de mediación que atiende a su problema y este lo determinemos como  multi-problemático. Es decir hay más de un problema subyacente en el tema que nos trae. Esa interdisciplinariedad en la mediación, facilita que existan mas puntos de acceso a la mediación ya que hay mas personas que la ejercen y potencia que la figura mediadora perciba un conflicto de distintas perspectivas, facilitando abordarlo de manera mas directa.

En definitiva, todo parecen ventajas ¿verdad?.

Bueno, bien sabe el formador de mediadores que es muy difícil el verdadero ejercicio de la co-mediación, simple o interdisciplinar. Y DESVENTAJAS DE LA CO-MEDIACIÓN son fáciles de determinar

          El Coste, siendo el mismo según acuerdo no tiene porque recaer en el usuario en conflicto un aumento porque decidamos hacerlo entre dos

          De Logística, tiempo, organización y trabajo continuado entre ambos profesionales dentro y fuera de la mediación

          No todos los casos lo requieren

          Puede haber en algunos casos situaciones de competición y confusión entre nosotros si no preparamos bien las sesiones

          Incluso muchas veces surge una división incluso toma de partido por cada parte, lo que puede suponer una mayor presión al mediado

Para terminar, os animaría a probar la co-mediación, pero e su justa medida, sabiendo lo que hacemos y que espero que este breve ensayo os ayude a decidir, pero es muy importante que además de todo lo comentado se produzca una SUPERVISIÓN DE LO QUE LLAMAMOS CO-MEDIACIÓN. Básicamente os animo a ello porque puede tener una función formativa, es decir mejorar nuestras prestaciones y trabajo como mediador en el futuro

Asi podremos valorar entre adecuadas e inadecuadas las intervenciones y darnos  indicaciones y sugerencias respecto a las conductas que aparecen en los mediadores, generadas por la dinámica del conflicto de las partes y las diferentes formas de involucrarse en el sistema del conflicto. Y quizás lo más importante, crear un ambiente de reflexión en el que se puedan redescubrir y cuestionarse los elementos del esquema conceptual y operativo de los Mediadores, asi como nuestra metodología.

Queridos amigos mediadores… nunca dejéis de aprender y aprehender.


martes, 22 de septiembre de 2020

EL CONFLICTO


 

EL CONFLICTO

No sé, queridos amigos, si somos conscientes que hemos escogido trabajar en algo que marca con diferencia, el esfuerzo, la creatividad, la dedicación que debemos tener según nuestra propia formación. Hayamos estudiado de origen cualquier disciplina, no debemos olvidar, que seremos EXPERTOS EN LA GESTIÓN DE CONFLICTOS.

Por ello creo que es oportuno, tener claro que nuestra materia prima es el conflicto, aquello que se define como, “LO MAS RECIO de un combate”;  “Punto en el que APARECE INCIERTO EL RESULTADO de la pelea”;  “ANTAGONISMO, PUGNA, OPOSICIÓN”;  “situación de COMBATE Y ANGUSTIA DE ÁNIMO”;  “estado de APURO, SITUACIÓN DESGRACIADA Y DE DIFÍCIL SALIDA”

¿Difícil verdad? Pues todo ello nos lleva a toda una teoría del desencuentro, donde el mismo entre las partes que atenderemos, producirá situaciones de lucha, desacuerdo, incompatibilidad aparente entre las partes, confrontación de intereses. Se producirán, expresiones de insatisfacción o desacuerdo entre las partes que nos llevarán a lo más profundo, a percibir que esas discrepancias se perciben hasta tal punto que se piensan son incompatibles y esta percepción podría llevar al traste la búsqueda de cualquier acuerdo.

Tenemos que decir que el conflicto existe cuando dos o más personas buscan la obtención de objetivos que parecen ser contradictorios, incluso excluyentes entre ellos y por eso las consecuencias son imprevisibles, si bien las podemos resumir en:

}  a) Las relaciones entre las partes enfrentadas se deterioran

}  b) La comunicación entre ellos se interrumpe

}  c) Los sentimientos se resienten

}  d) Las actitudes se polarizan

}  e)  Y sobre todo, la sensación de que se pierde tiempo y dinero

 

Los expertos entendemos el CONFLICTO como el conjunto de propósitos, métodos o conductas divergentes, cuyo  grado de la divergencia determina la seriedad y duración del conflicto y afecta a la probabilidad de una resolución satisfactoria o como a nosotros nos gusta decir una gestión del mismo positiva..

Por eso, cuando trabajamos en situaciones conflictivas, debemos determinar claramente  la naturaleza del conflicto, consiguiendo la suficiente información para enmarcar el conflicto y conocer los verdaderos intereses en juego. Conocer la flexibilidad de las partes y su voluntad para solucionar el conflicto, nos llevará a la posibilidad de pensar en estrategias que nos lleven a una buena negociación.

¿Cual pudiera ser mi recomendación? Claramente, trabajar todo lo que nos lleve a conocer extremos tales como qué es lo que les separa e influye en el conflicto y profundizar en las emociones y percepciones de las partes sobre el mismo. Por eso me atrevo a decir que son muchas las profesiones de origen que animo a profundizar en este trabajo que es la mediación. Profesionales formados en el mundo del derecho, la psicología, la criminología, la gestión de recursos humanos, la educación, las relaciones internacionales, la gestión de empresas… están llamados a ser protagonistas en esa búsqueda de la solución de conflictos.

Podríamos intentar proceder a una Clasificación de los conflictos, pero hay que decir que, los conflictos son difíciles de clasificar y las distintas clasificaciones intentadas por los distintos autores a veces son demasiado complejas y otras demasiado simples sin que exista un acuerdo unánime porque tenemos que tener en cuenta que, al clasificar definimos y al definir tomamos conciencia respecto del problema y también permite clarificar los intereses frente a las posiciones. Identificar el conflicto nos permite conocer e identificar los intereses de las partes frente a sus posiciones iniciales, aislar los problemas, establecer las estrategias en las futuras sesiones.

Es por eso que os animo a hacer una aproximación al conflicto con rapidez, simplicidad, flexibilidad, aportando pautas generales para estudiar una estrategia posible, porque lo que de verdad nos interesa es conocer en el mismo, no tanto cual es su posición (como se encuentran o piden ante el) como la búsqueda de intereses y la necesidad de las partes en el mismo.

La BUSQUEDA DE LOS INTERESES, determina que tipo de conflicto existe y nos puede permitir averiguar cuales son los Intereses de las partes, esos aspectos “intangibles” de lo que las personas dicen que quieren, dado que estos intereses suelen ser implícitos, intangibles, y a veces inconsistentes. No olvidemos que las partes en un conflicto, no manifiestan sus intereses por miedo a que la otra lo use en su contra y por eso expresan sus demandas o sus posiciones, sin querer mostrar sus ansiedades y temores. Por ello os animo para finalizar a que probéis, y los llevéis a ese mundo que puede hacer ver el conflicto como una oportunidad para crecer y preguntarse a uno mismo:

}  Preguntarse por qué. Ponerse en el lugar de una de las partes e intentar averiguar el motivo por el cual una de las partes realiza una propuesta

}  Preguntarse Por qué, no. Analizar el motivo por el cual una de las partes no acepta la propuesta de la otra y cuales son los intereses que le impiden hacerlo

}  Utilizar preguntas abiertas (quién, donde, cuando)

}  Evitar utilizar la pregunta ¿por qué?, puede provocar que la otra parte se ponga a la defensiva, pues parece que se le pide justificación.

}  Utilizar preguntas cerradas (respuesta si o no) cuando se busque corroborar un compromiso hacia algo.

Algunos ejemplos de preguntas

}  ¿Que es lo que les preocupa?

}  ¿Cómo definirían el problema que vamos a tratar de abordar?

}  ¿Cuéntame que ha sido para ti lo fundamental en el problema?

}  Como creen que empezó?

}  Como se sintió en ese momento? ¿Cómo cree que se sintió X en ese momento?

}  Cual es vuestra opinión sobre los abuelos y el contacto con sus nietos?...

Solo asi queridos amigos, podemos ver que nuestro trabajo en el futuro aun cuando se basa en los conflictos, es apasionante y nos lleva a conectar con otra perspectiva totalmente distinta… donde lo recio, lo angustioso, lo antagónico o la situación desgraciada, sea motivo de trabajo y de crecimiento.

martes, 15 de septiembre de 2020

UNA VACUNA la mejor maestra, para la peor experiencia

 

UNA VACUNA la mejor maestra, para la peor experiencia

Hoy más que nunca toca construir. Construir oportunidades, construir confianza y construir un nuevo futuro, para todos aquellos que lo están pasando mal y aquellos que viven en conflicto. Para ello lo que más necesitamos es solidaridad y cohesión. Para los mediadores lo cierto es que cuanto más incierto es el futuro, más claro vemos el camino.

Es en las peores situaciones es cuando dicen que más crecemos. Pero lo que realmente estamos buscando, probando, esperanzados, es en encontrar esa vacuna que nos aleje de la “enfermedad”, que nos proteja ante la maldita pandemia que asola el mundo.

Y por eso hoy, como experto en la gestión de conflictos, me pregunto ¿qué vacuna necesitamos? ¿cómo es una vacuna?, ¿servirá? No solo para la salud, sino para el alma…

Dicen que una vacuna es una preparación destinada a generar una inmunidad ante una enfermedad, produciendo o estimulando lo que los expertos llaman anticuerpos.  Por ello, una vacuna contiene un agente que se asemeja a un microorganismo causante de la enfermedad, que estimula nuestro sistema inmunológico del cuerpo a reconocer al agente como una amenaza, destruirla y guardar un registro del mismo, de modo que el sistema inmune puede reconocer y destruir más fácilmente cualquiera de estos microorganismos que encuentre más adelante.

Hay que decir que de igual forma se está buscando una vacunación masiva, ya que​ a efectividad de las vacunaciones ha sido ampliamente estudiada y confirmada; gracias a ello se ganó la batalla a enfermedades la varicela, la viruela, el sarampión y así hasta un total de unas 25 infecciones.

Pero me quiero centrar querido lector en el desarrollo de esa inmunidad, porque me gustaría como sabéis, compararla siempre con nuestro trabajo de mediador, que nos ayuda a comprender que hacer, cómo hacerlo y cuando hacerlo. Conseguir la inmunidad consiste en reconocer gracias a la vacuna los agentes de la vacuna como extraños, destruyéndolos y recordándolos. Cuando una versión realmente nociva de la infección llega al organismo, el sistema inmunitario está ya preparado para responder:

1.   Neutralizando al agente infeccioso antes de que pueda entrar en las células del organismo (comprobando el respeto al otro aunque no lo compartas) y

2.   Reconociendo y destruyendo las células que hayan sido infectadas, antes de que el agente se pueda multiplicar en gran número (consiguiendo que “los trapos sucios se laven en casa”)

Es por ello, que cuando alguien en conflicto, acude a nuestro proceso de “vacunación”, busca la inmunidad en el futuro de lo que ellos llaman “problema” y que nosotros vemos como “infección”.

Desde ese preciso instante, empezamos a entrenar el alma de cada “infectado” en el gimnasio de las emociones, porque la vacuna que tenemos los mediadores consigue que no almacenes basura en tu mente, ya que esta afectaría a la eficacia de la misma, y tenéis que saber “tirarla” o “reciclarla”, pero nunca acumularla. Es por eso que me gusta decir que las cosas, lo que te suceda, tiene la importancia que tu le des.

Solo te digo, querido amigo que en este proceso de “vacunación” que supone mi trabajo podremos viajar al pasado o al futuro si tu quieres, pero cuando regresemos, vive intensamente el aquí y ahora, para conseguir que “la peor experiencia se la mejor maestra” (Kovo).

Javier Alés

jueves, 13 de agosto de 2020

El Arte de expresar: Cuidado con la empatía y la asertividad mal entendida

 

Cuidado con la empatía y la asertividad mal entendida

Sin duda desde que comenzamos nuestra vida como profesionales de la gestión de conflictos, nos centramos en dos principios básicos de esta maravillosa profesión: la empatía y la asertividad.

Pues bien, en mis años como profesional las he visto muy mal aplicadas e imploradas por los mediadores profesionales, quizás por el desconocimiento, no de lo que significan, que todos aprendemos bien desde nuestra base, sino de que ambas mal entendidas son incompatibles y suponen muchísimas de las causas que dan lugar a que una mediación esperanzada, se quede en el camino por la imposibilidad de llegar a un acuerdo.

Ambos términos como lo son la asertividad y la empatía suelen confundirse muy a menudo debido a que se trata de habilidades sociales que podemos y debemos desarrollar las personas y que nos ayudan a mejorar nuestra relación con los demás y por tanto a ser la base del entendimiento ante una situación conflictiva.

Una vez más, permítame el lector, dejar claro los conceptos: La asertividad es una habilidad social que permite a la persona expresar sus gustos, deseos e intereses de la manera más adecuada y en el momento oportuno. Es algo personal y que permite posicionarte en tus pretensiones. Quien actúa o interviene en una negociación de forma asertiva, es clara en sus manifestaciones, sincera y directa ya que expresa realmente lo que desea pero sin llegar a herir los sentimientos de los demás, con el único fin de hacer valer sus derechos personales. Por eso me atrevo a señalar que es muy importante conjugar “hacer valer tus derechos, junto a ponerte en el lugar del otro”

Una persona asertiva no tiene ningún problema en manifestar lo que quiere y siente, mirando hacia dentro, sin necesidad de mentir o entrar en discusión

En cambio, por otro lado está la empatía, una habilidad social que permite comprender y reconocer las opiniones y sentimientos de las demás personas, consiguiendo manifestar de alguna forma “que comprendes la postura del otro, aunque no la compartas”. Una persona empática sabe escuchar y ponerse en el lugar del otro, conociendo su manera de pensar y de percibir las cosas.

Hay que respetar las diferencias aunque no sea tu punto de vista personal, dejando esa sensación en el otro, de que “me ha comprendido lo que yo siento”


Por esos conceptos claros, es por lo que me atrevo a compartir contigo, lector, que quizás esta es la fuente principal de disrupción cuando trabajamos como mediadores en un conflicto, por la importancia de ambas habilidades, pero por la incompatibilidad manifiesta de ellas si no somos capaces de reconducirlas a un mismo espacio de diálogo.

 

·        Ser asertivos nos permite dar a conocer nuestra propia opinión, a hacer valer nuestros derechos y a defendernos ante un conflicto. Me centro en mi mismo, más que en los demás; ser empático pone el foco principalmente en los demás, en escuchar las opiniones y sentimientos de las otras personas, dejando de lado en ese momento las nuestras, ya que se les escucha sin juzgar.

·        Con la asertividad no busco lazos e unión con la otra parte, simplemente aseverar lo que siento, pienso y quiero; mientras que cuando “empatizo” genero un vínculo más profundo y cercano con las demás personas al tratar de comprenderlas y ponerme en el lugar del otro.

 

Es por ello que es difícil, porque aun cuando mencionemos de forma consecutiva, cuando los formadores hablamos de las bondades de la mediación, las habilidades de la empatía y de la asertividad, en ningún caso alguien asertivo quizás sea empático y de forma contraria, muchas personas empáticas son poco asertivas.

 

¿Puede ser esta la principal clave por la que quizás no lleguemos a un acuerdo? ¿puede ser esta la clave por la que cerremos un proceso de mediación sin acuerdo?... piénsalo amigo mio. Sabes que mis reflexiones solo son para que cada uno conteste según su conciencia.

 

Por eso si quieres ser empático, escucha de forma activa, parafrasea, entra en su mundo, compréndelo, muéstrale tu emoción

 

 Y si quieres ser asertivo, identifica lo que sientes y piensas, tus valores, que tu lenguaje corporal muestre lo que quieres y haz valer tus derechos …Disculpa, me gustaría poder hablar y no me dejas; no grites, yo no lo estoy haciendo…

Difícil conjunción que tenemos que tratar con mucho mimo, si no… la mediación se nos escapará de las manos


viernes, 31 de julio de 2020

Pandemia y… algo más, ¿Alguna vez has cerrado por vacaciones?


Queridos amigos, este post nace hoy dia 31 de julio de 2020 en España, el día de que muchos digan…¡¡ estaremos cerrado por vacaciones!!. Pero ¿es eso cierto?, los profesores, los abogados, los mediadores, de todos estos grupos profesionales me enorgullezco pertenecer, tenemos nuestro “fin de año” coincidiendo con el cambio de curso, con el cese de las actividades en los juzgados, y sobre todo con el espíritu que nos invade de parar, para pensar y después cambiar el rumbo de lo que no deseamos a partir de septiembre y más este año donde cada vez más “aparece nuestro amigo, vampiro emocional”, para decirte una y otra vez: ¡que mal está la cosa!, ¡veremos a ver si no nos confinan dentro de poco otra vez! O ¡yo no se que vamos a hacer!, y tu con buen criterio dices: ya veremos, disfrutemos el hoy y el mañana ya se verá.

Pues bien, como si de un deporte se tratara, yo os animaría a que si bien cesara la actividad cotidiana, no dejáramos de entrenar nuestra mente; entrenar como a los deportistas les dan unas pautas para no ganar peso en las vacaciones de verano, entrenar para no necesitar a nuestra vuelta a la actividad, de una pre-temporada; entrenar, porque a nuestra vuelta muchas personas nos van a necesitar, si cuando quieren cambiar su rumbo de vida, en septiembre se dan cuenta que tienen un verdadero problema y necesitan a los mediadores, para ver de su conflicto una oportunidad y si la pandemia sigue… la derrotaremos y si quieren que el ánimo decaiga… no lo conseguirán.

Debemos preparar todo aquello que haga que a partir del uno de septiembre, nuestros alumnos se ilusionen con nuestra docencia, virtual o presencial, con nuestra creatividad desbordante que haga de la sorpresa una ilusión por aprender; ensayar y entrenar nuestra capacidad de interpretar la comunicación no verbal, allá donde estemos de veraneo, para a nuestra vuelta ser capaces de ver más allá de las palabras; preparar nuestra mochila para una vez más salir de nuestra llamada “zona de confort” y atrevernos a realizar lo que muchos no hacen. Y como digo tantas veces… que los profesores sepamos sacar “el verdadero tesoro” que nuestros alumnos llevan dentro

Dice un periodista al que leí al despedirse de su columna habitual, que “seguiremos el viejo adagio universitario que reza Prima non datur et ultima dispensatur, o sea, que la primera clase del curso no se da y la última se dispensa”. ¿Seguro?, querido amigo los tiempos han cambiado, eso era cuando tu y yo eramos estudiantes. Ahora necesitamos de un “entrenamiento estival” porque el último día previo a las vacaciones es importantísimo para poder “cerrar por vacaciones” y el primero, ya estamos con las llamadas a nuestro despacho, los correos electrónicos para contestar y las visitas de clientes para mediar, por mor de que para mi como profesor, el primer día hay que dar clase, y el tema ya está asignado en la guía docente de la asignatura que tuve que reflejar en el mes de mayo, analizamos por tanto días antes, nuestros “powers points”, insisto, presencial o virtual, da igual, los tiempos han cambiado, pero nosotros somos los mismos.

No dejéis de leer, de pensar, eso si, descansar porque al fin y al cabo estamos “cerrado por vacaciones”. Es incongruente pero es asi, cuantos no han hecho nada durante el año y ahora quieren incluso descansar; cuantos no se lo merecerían… si lo pensamos, nadie cerraría. Por eso desde hace muchísimo tiempo abogo por el esfuerzo de cada uno de conseguir en su vida que su profesión se convierta definitivamente en su pasión, porque solo entonces es cuando pierden la noción del tiempo y se podría preguntar el motivo de este post… ¿cerrado por vacaciones?, no, nunca, porque me gusta lo que hago y tan solo cambio la rutina para, volver con aires nuevos, pero sin dejar de entrenar “para no ganar peso” y arrepentirme a mi vuelta.

Así que piensen, disfruten lo que puedan y nos veremos en septiembre. ¡estaremos cerrado por vacaciones!


lunes, 13 de julio de 2020

Los Tesoros de la Mediación



LOS TESOROS DE LA MEDIACIÓN.-

Pero… como pasa el tiempo. Hace ya 12 años,  tal día como un jueves, 24 de enero de 2008, inauguraba mi blog con este post sobre los “tesoros de la mediación” y que hoy quiero reeditar…

“Profesiones como el ejercicio de la abogacía, han tenido oculto, durante muchos años, algo innato a nuestra formación, a nuestra atención a los clientes que nos confían sus problemas, sus conflictos y que, mediante intervención como mediadores, hemos evitado el desgaste ante los tribunales de sus intenciones y sus sentimientos. Pero creo que ha llegado el momento de “abrir el cofre” que durante muchos años hemos cuidado y custodiado de nuestra labor mediadora y ofrecer a todas las profesiones que se acercan a la mediación, lo que son auténticas “perlas” para mediar.

Creo que podemos empezar con una cuestión básica: “conócete a ti mismo como mediador o mediadora”. Debemos sentirnos cómodos con este perfil profesional, saber si de verdad tenemos habilidades suficientes para manejar de forma adecuada las emociones y las tensiones que surgen en un conflicto. Debemos dominar el modelo de atención que utilicemos; bien sea la búsqueda de un acuerdo que termine con el conflicto, o bien el poder transformar las percepciones entre las partes enfrentadas, aunque el conflicto continúe, debemos utilizar un modelo y una técnica adecuada. ¿Por qué estamos motivados en la mediación?, ¿qué estilo tienes? O ¿qué temores y cargas personales traemos a la mediación?, son cuestiones que tenemos que resolver, que tenemos que tratar para poder dar lo mejor de nosotros en un proceso de mediación y, sobre todo, para saber si, nuestra paciencia, nuestra empatía, nuestra neutralidad, nuestra objetividad, nuestra tolerancia o nuestra madurez pueden llevarnos a ser mediadores profesionales. Son muchas las cualidades necesarias, pero el principal tesoro es conocernos a nosotros mismos.

Nada mejor que una historia clásica entre los mediadores, para aclarar cual es nuestro verdadero “rol como mediador”. Dicen que una vez, en un país de oriente, en un poblado cualquiera, un pastor árabe murió dejando testamento a sus tres hijos huérfanos. En el mismo reflejaba que sus 17 camellos, como bien más preciado, quería repartirlos de la siguiente forma: la mitad de sus camellos corresponderían al primogénito de sus hijos, una tercera parte al segundo de ellos y una novena parte al hijo menor. La pregunta que se hicieron ante su fallecimiento era ¿cómo deberían repartirse el rebaño de camellos?. Transcurridos varios días sin que hallaran una solución entre ellos, decidieron enviar a un miembro de su familia a una cueva, en búsqueda de “un sabio” quien decidió, bajando en su propio camello, acudir en ayuda de los tres hermanos. Cuando los tres hermanos, le explicaron el problema de repartir los “bienes” tal como era el deseo de su padre, el sabio les tranquilizó y les dijo que les cedía su camello para poder hacer las cuentas. Así ya tenían 18 y les era más fácil hacer el reparto: el mayor de los hermanos, al que le correspondía la mitad de los 18 camellos, se quedaría con 9; al hermano mediano, a quien le correspondía una tercera parte de 18, se quedaba con 6; y el menor, al que le correspondía una novena parte, ostentaría el derecho a 2 de ellos.

          Pero la gran sorpresa vino cuando los hermanos hicieron el recuento total y se dieron cuenta que sumaban 17. En ese momento se dieron cuenta que lo que hizo el sabio (el mediador o mediadora) fue facilitar la solución del problema, nunca proporcionar la misma, por lo cual se marchó del lugar cabalgando en su propio camello, que había aportado al “reparto”. El mediador no es un juez, no es un árbitro, tan solo ayuda a las partes a la solución de su conflicto con su propio derecho a la autodeterminación.

          Otra maravillosa “perla” de nuestro “cofre del tesoro” es la creatividad. ¿cómo podemos ser creativos ante un problema?, ¿cómo podemos ver alternativas al mismo? Hay que tener un importante deseo de explorar, tener impulso por descubrir, probar y experimentar formas diferentes de manejar y mirar las cosas. En definitiva, tener disponibilidad “al cambio”. El primer trabajo que debemos tener con nuestros clientes es reencuadrar el conflicto: verlo de otra forma. Hay que devolver a las partes enfrentadas el “control de la situación”. La creatividad radica en escuchar lo que las partes realmente dicen y no limitarse a aceptar lo que comentan de forma explícita. Con ello vamos a intentar devolverles la capacidad de tomar decisiones intuitivas, basadas en la confianza y en la habilidad de separar la información sobre el problema que sea importante, de la que podemos considerar irrelevante. El buen humor y la risa permiten también que se de un ambiente creativo.

          No obstante, nuestra responsabilidad con respecto al proceso de mediación, a pesar de la creatividad, de la “artesanía” de nuestro trabajo, es muy importante. Hagamos un proceso de mediación participativo, neutral, informando cuando existan diferencias insalvables para “retirarnos” del proceso. Estamos obligados a instruir a las partes y establecer criterios razonables de negociación, sugiriendo alternativas, rehusando a ser testigos conforme al proceso mediador si no se formalizara definitivamente, e informando de otros posibles recursos para solucionar su problema. Con ello quiero decir que hay que mantener la importancia de no asesorar o hacer terapia con nuestros clientes, porque se trata de un rol distinto. Es nuestra responsabilidad.

          Igual que debemos encontrar “la perla” de la legitimación, del reconocimiento de los “litigantes”. La cultura de la mediación propone técnicas y modelos diferentes según el ámbito del conflicto en que se encuentren, pero el objetivo debe ser ayudar a las partes enfrentadas a “encontrar, mas allá de la razón que tengan, un lugar en la postura del corazón del otro”. Hacer comprender que “el otro” tiene parte de razón, mediante esa frase mágica que oímos cuando dicen: ¡si yo lo entiendo… lo que ocurre es que no lo comparto!. Hemos de tener en cuenta que el presente cambia continuamente y siempre es posible hacer o ver” algo nuevo. También se hace necesario reconocer y aceptar que la resolución de la mayoría de los conflictos es imposible, lo que si es posible es “transformarlos” para que afecten lo menos posible. El sentido de la mediación no es otro que el reconocimiento recíproco entre las partes.

Pero ¿qué asuntos pueden o deben ser mediados? Yo creo que debemos hablar mejor de “debe” ser mediado porque partimos del principio de que todo es mediable o negociable. La mediación es recomendable especialmente, para aquellos casos en los cuales, las partes enfrentadas tienen una relación, que de alguna u otra forma continuarán en el tiempo. Muchos son los casos que debe ser mediados, como, los asuntos de daños y perjuicios, los de ámbito familiar, las relaciones entre socios o entre deudores y acreedores. Todas las relaciones en las cuales la relación se prolongue más allá del momento en que exista el conflicto o incluso en el que la privacidad de las cuestiones a debatir, haga necesario mantener quizás una reputación profesional frente a terceros, de las partes implicadas, hacen de la mediación una herramienta adecuada. Con esto queremos decir que prácticamente “todo es mediable”.

No obstante los mediadores debemos aprender que la mediación no siempre es la mejor respuesta al conflicto que se nos plantea. Así los límites de la mediación deben estar en los casos que existe violencia, aun cuando muchas veces mediemos sin saber que existe supuestos malos tratos; también entendemos que no es recomendable en casos de abuso o violación, ya que pueden existir problemas de carácter legal (como el supuesto de prohibición expresa de mediar en la violencia doméstica, por el desequilibrio de las partes). Pero sobre todo nunca debemos mediar cuando observemos casos en el que las partes presentan patologías emocionales.

          El verdadero trabajo artesanal, se basa en respetar y apoyar el derecho individual de las personas a la autodeterminación. Este es otro gran tesoro. Saber hacer respetar el derecho de las partes a elegir lo que quieran, hacer sus propias opciones y que tomen una decisión en la solución de sus problemas, requiere que les demos toda la información necesaria. Los detractores de la mediación confunden nuestro trabajo.

La pregunta es: ¿recomendamos?, ¿orientamos?, ¿informamos?, ¿asesoramos?, ¿conciliamos?, ¿negociamos?, ¿atendemos?... simplemente mediamos.

Hacemos posible, que las partes elijan entre varias opciones de solución, aquella que mejor represente los intereses y deseos que tengan. Se antoja básico analizar cuáles son sus posturas, intereses o necesidades a la hora de poder solucionar el problema. En esa búsqueda surge nuestro “acompañamiento”. Es difícil el trabajo pero debemos prepararnos para poder solventar distintos problemas éticos que “acudan” al proceso mediador.

          Es por todo lo anterior por lo que considero un gran tesoro, una nueva “perla” la formación de los mediadores. Desde muchos sectores se promociona el que pueda ser una “lista abierta o cerrada”. Ni que decir tiene que es fundamental una exhaustiva formación en el ámbito jurídico, social y psicológico, adentrándose en talleres formativos en comunicación, deontología o creatividad, pero si considero que lo más importante de la mediación, el gran hallazgo, es abrir “fronteras” entre profesionales. No debemos restringir la formación, ni el ejercicio profesional de la mediación a unas cuantas disciplinas, sino que debe abrirse a numerosas titulaciones universitarias, que de alguna manera u otra impliquen actuar en las relaciones personales, dado que en la formación del mediador cada disciplina puede aportar muchas más cosas de las que podemos imaginar.  Cuando eliges formarte en una profesión, lo haces imaginándote ejerciendo en la misma y sintiéndote cómodo con ella, es decir, crees que tus habilidades personales te capacitan para realizar dichas tareas. La pregunta debe ser ¿podríamos formar en mediación a cualquier persona y ser mediador solo algunos?. Ante esta pregunta, me gustaría aclarar al lector que podemos entender con una breve metáfora. Todos debemos aprender a leer y escribir, pero muy pocos pueden ser “escritores”.

          No quisiera seguir llegando al fondo de este “baúl” sin referirme al clásico debate sobre los principios de la mediación. Aquí encontramos también un tesoro oculto a los ojos de los profesionales y del legislador. Hagamos de la mediación un proceso sencillo, claro, donde preservando el interés de menores y discapacitados si existieren en el conflicto afectados, busquemos el principio de “celeridad”, de “intervención cooperativa”, del “respeto”, de la “claridad” y “la profesionalidad”, donde la colaboración de las partes sea un requisito de partida y donde la buena fe y el antiformalismo no sean contrarios a la paciencia y la perfecta estructuración de este “trabajo profesional”. Evidentemente no olvidamos los principios ya conocidos en España de la voluntariedad, la imparcialidad o la confidencialidad, pero debemos siempre “cuestionarnos” su actualidad diaria en nuestro trabajo.
          Cuando hablamos de confidencialidad, entendemos que el mediador no puede revelar los particulares y los pormenores de la mediación a nadie, ni desvelar en reuniones conjuntas lo tratado en reuniones individuales y que no han sido autorizadas por su confidente. Es por esto mismo por lo que no podemos ser testigos en juicio sobre estos extremos, ni peritos, error muy frecuente por parte de los juzgados y tribunales. La excepción la tenemos en el sistema legal americano, donde existe la obligación de declarar a las autoridades la información acerca de casos de violencia o abuso contra menores. En estos casos, la obligación del mediador es advertir a las partes que su confidencialidad no podrá ser mantenida.

          ¿Y la imparcialidad o la neutralidad?. Un buen mediador debe permanecer imparcial hacia las partes. Esto significa el no tener favoritismo o tendencias, ya sea en nuestras manifestaciones o hechos, hacia una parte u otra, con el compromiso de servir a todas las partes y al proceso, en vez de servir a los intereses de una sola parte. Pero todo es relativo, porque bien sabemos que cuando alguien acude a nosotros, no busca la imparcialidad de un juez, busca la “multiparcialidad” como modelo de actuación, quiere que nos “impliquemos”, que “sintamos con ellos”, nuestra implicación hacia la solución del conflicto. De ahí nuestra imparcialidad.

          ¿Cuál es por tanto el verdadero sentido de la mediación?. Es absolutamente apasionante esta profesión, porque si bien la doctrina la trata como una “alternativa a la resolución de disputas”, más que una alternativa es una actividad “complementaria”. Podemos entender, como la definen, la mediación como ¿un método de resolución de conflictos? O más bien podemos hablar de “gestionar” y “transformar” una disputa. ¿la finalidad de una mediación es llegar a un acuerdo? O más bien se trata de indagar en las opciones de solución y “aprovechar” los efectos positivos que puede tener un conflicto. Y por último, ¿de verdad podemos pensar que es un método o una técnica? O queremos y deseamos que sea una “práctica artesanal” en el que no siempre aplicamos las mismas “recetas”. Nuestro verdadero trabajo se centra en ser agentes de la realidad, determinando los verdaderos intereses de cada parte, formulando el conflicto de forma correcta y de manera inclusiva, utilizando un léxico apropiado, presentando historias alternativas, pidiendo a las personas que se pongan en el lugar de la otra. El verdadero trabajo del mediador supone elaborar una “agenda” , decidiendo en que orden se abordan los temas y descartar todo aquello que “hace ruido”. Es un trabajo artesanal donde destaca la necesidad de la equidad, equilibrando el poder y buscando más lo “justo” que lo legal.

          Para terminar este “viaje” a la “cueva del tesoro” no quisiera olvidarme del valor que tiene la mediación, la fuerza del acuerdo. La mediación tiene el valor de los contratos privados, intervenidos por un mediador, que evidentemente ante un incumplimiento necesitamos la ejecución judicial, pero esto a los mediadores no nos preocupa. Lo que de verdad nos preocupa es que, si el acuerdo en el que hemos estampado nuestra firma, no se cumple, ¿en que momento hemos fallado o no hemos sabido ver una intención que se ha mantenido oculta?.

          Os animo a trabajar desde la mediación, como una estrategia, una diplomacia donde los principales pasos sean;

a)    “ver la averia del conflicto”, viendo las posiciones, los intereses y las necesidades de las partes, en definitiva ¿Qué ha ocurrido?
b)    “reconstruir las relaciones”, presentando una historia alternativa y estableciendo el ya mencionado reconocimiento de la otra parte
c)     “reparar en la solución”, haciendo partícipe de ello a las partes (quien ayuda a buscar una solución, es consciente de su cumplimiento)
d)    Y por último, hagamos un “rodaje”, un seguimiento, una supervisión y por tanto, veamos que están “cumpliendo” con lo pactado.

Recordemos que en la mediación no enseñamos a escribir, sino a ser escritores