Esta
es una pregunta que me repito cada vez que pasamos de una estación a otra,
porque los medios informativos nos recuerdan que viene el frio, el calor o las
depresiones por la vuelta al trabajo, alergias, etc. entre otras cosas
La
respuesta como mediador es si. Sí, porque lo he podido comprobar en mis
clientes durante todos estos años. las estaciones del año afectan de manera
indirecta pero real a las negociaciones y al entorno de las relaciones
personales ante conflictos y procesos de búsquedas de solución, debido a los
cambios en las posiciones o intereses, la disponibilidad de las personas y los
ciclos económicos incluso que pueden estar viviendo.
Pero
¿cuáles serían los distintos factores claves según la estación de que se trate?
La primavera es un
periodo de planificación y renovación. Muchas empresas cierran presupuestos o
inician nuevos proyectos tras el primer trimestre, lo que facilita
negociaciones activas y la búsqueda de acuerdos a mediano plazo. En este
sentido las personas se encuentran abiertas al diálogo, viendo la posibilidad
de “florecer” cuando todo era gris y pensando que quizás se puedan arreglar las
cosas. Hay por tanto un cambio de actitud positivo. El buen humor y energía y las
horas de luz y las temperaturas influyen en el dinamismo de los procesos de
negociación y en la paciencia o urgencia de la contraparte para cerrar un
trato.
Por el
contrario el verano, coincide con los periodos vacacionales en gran
parte, de las personas y de todo el mundo corporativo. La toma de decisiones
suele volverse más lenta porque los directivos clave están ausentes y el ritmo
de trabajo decae, aunque es útil para negociaciones preparatorias o de bajo
perfil. Se está cansado del año, se piensa en el descanso y lo que no se pudo
arreglar ya, es mejor dejarlo para más adelante. Por el contrario, es un
periodo de desintoxicación laboral, que permite pensar en los verdaderos
intereses que deseas de futuro.
El otoño funciona
como una etapa de adaptación, de retomar relaciones, expedientes, negociaciones
suspendidas. Hay que engrasar la maquinaria y realizar una evaluación de metas
anuales. Las negociaciones por ejemplo, se aceleran en el caso de las empresas
que buscan cumplir sus objetivos financieros antes de que termine el año. Para
los particulares, preparar el terreno para poder terminar el año con un “año
nuevo, vida nueva”
Por
último, el invierno, Incluye las festividades de fin de año y el cierre de
actividades, expedientes, presupuestos etc.. Aunque diciembre suele frenar las
negociaciones por las fiestas, enero y febrero marcan el puntapié inicial para
nuevos contratos y grandes alianzas estratégicas y porque no: buenos acuerdos
en mediación.
Pero... ¿y en el hemisferio sur?, pues aplique la misma regla según la termepartura y estación de que se trate y para ello, véase la imagen de este post.
Y por
supuesto, no querría terminar sin indicar que dependerá también del tipo de
conflicto y negociación, en el que por solo poner un ejemplo, si es un tema matrimonial
o familiar, tras un periodo de convivencia continuada, como las vacaciones, se
produce una mayor demanda de mediación familiar. En cambio, si se trata de
temas empresariales coincide con los periodos previos a vacaciones donde se
intenta cerrar asuntos antes del cierre por vacaciones
