viernes, 25 de septiembre de 2026

No me gusta etiquetar un conflicto

 


Hay quien defiende que etiquetar un conflicto, un problema o alguna persona, puede ayudar a saber que hacer y conocer la receta previa para actuar en el caso. Por ejemplo no es lo mismo decir que alguien es “alcohólico” a decir que alguien “bebe mucho”.

Muchas veces los profesionales de cualquier ámbito necesitan, conocer “ la enfermedad que es” para ver su tratamiento.

Pero ¿es igual en un proceso de mediación? Tras muchos años la profesión me enseñó que no es bueno etiquetar, porque ante un proceso como el nuestro, flexible, en el que intentamos siempre ver cada caso como único y distinto a los demás y profundizamos en lo ocurrido para ayudarles a que tomen una decisión sensata y duradera, no me gusta etiquetar,

Etiquetar tus emociones o experiencias internas te ayuda a comprender lo que sientes y saber cómo actuar de forma adecuada.

Etiquetar es un error que bloquea la comunicación y activa la actitud defensiva. Es más, estamos viviendo actualmente que etiquetar una profesión también lo puede ser. Somos muchos los que ya nos gustan que nos llamen “gestores de conflictos” porque etiquetarlo de mediación, conciliación, facilitación, derecho colaborativo etc. nos lleva a establecer límites a nuestra labor.

Y siempre recordaré aquella señora que un buen día me vino a verme a mi estudio, y tras contarme lo que le ocurría me dijo textualmente:

“la verdad es que como usted es, usted es… ¡es que estoy muy nerviosa!. Bueno me da igual como se llame… como usted me va a ayudar”

Habrá una frase más bonita.

Y también hemos de analizar el ¿por qué es un problema etiquetar a las personas?

-       Pienso que fundamentalmente cierra el diálogo: Reduce a una persona o a una situación a una sola palabra impide entender el problema real.

-       También aumenta la tensión: Los ataques personales generan resistencia y provocan que la otra parte en el conflicto responda con reproches o silencio.

-       Evita el esfuerzo de deconstruir el conflicto y reconstruir la relación: Poner etiquetas como "conflictivo" ahorra un trabajo interno o una escucha empática genuina.

Por ello desde la mediación debemos cambiar el enfoque de las etiquetas  si se producen a lo largo de un proceso, a lo que ayuda mucho dominar plenamente la técnica del “parafraseo”.

En vez de juzgar a la persona, describe la conducta: que no digan "eres un grosero y no me dejas hablar", consigue traducirlo en "cuando interrumpe, no será posible terminar de conocer la idea".

En vez de imponer una emoción, propón una percepción: No digas "creo que estás enojado", di "noto que pareces frustrado, ¿es así?".

Separa los sentimientos de los hechos: Concéntrate en la situación específica que causa el problema y no en rasgos negativos del carácter.

Es cierto que quien defiende los beneficios de etiquetar, básicamente lo ven desde la idea  de saber reconocer y aplicar una guía de acción, algo que nos permite una mayor claridad de intervención.

Pero los mediadores y mediadores sabemos intervenir desde el descubrimiento de que cada caso es único y no hay una misma fórmula para diferentes casos.


viernes, 18 de septiembre de 2026

Que importante es lograr que sonrían

 


Conseguir una sonrisa en una negociación es una técnica de comunicación efectiva que presupone romper tensiones, contagiar optimismo de que un acuerdo es posible y acelera la confianza mutua para la búsqueda del mismo.

Pero sabemos ¿por qué funciona la sonrisa?

Los expertos analizan desde un punto de vista científico 3 razones claras:

-       Genera química positiva: Libera endorfinas y dopamina, reduciendo el estrés tanto en ti como en la otra parte.

-       Aumenta la influencia: Las personas sonrientes se perciben como más accesibles, seguras y carismáticas.

-       Fomenta la colaboración: Cambia la mentalidad de confrontación a una búsqueda conjunta de soluciones.

Pero los mediadores cómo sabremos aplicarla estratégicamente en un proceso concreto, la respuesta es bien sencilla: desde el comienzo con el saludo inicial al recibir a nuestros mediados, con una postura abierta, el contacto visual con ambos y esbozar una sonrisa sincera.

Posteriormente para conseguir rebajar la tensión en la negociación, debemos tener y sobre todo provocar (ahí esta la gran dificultad) debemos tener una sonrisa consciente cuando el ambiente se vuelva rígido o existan desacuerdos difíciles.

Tras lanzar una propuesta de acuerdo o en su caso vías de solución, debemos mantener mucha calma y sobre todo una actitud receptiva en esos momentos de silencio que se producen para ver la reacción de la otra persona antes de responder a la misma.

No debemos nunca de olvidar ya seamos mediadores o mediados que en opinión de algunos especialistas, el 72% de las personas que sonríen son percibidas como más seguras y más exitosas, lo que supone una especial apertura a la negociación y el acuerdo.

“Las personas que sonríen en las negociaciones son menos propensas a caer en un cuadro de ira, ansiedad o estrés”, lo que permite un proceso más fiable.

Según los especialistas, cuando estamos contentos vemos el futuro con mayor optimismo y tenemos la sensación de que todo saldrá bien. De esta forma nos sentimos más motivados para alcanzar nuestros objetivos en la negociación.

Nuestro estado de ánimo puede mejorar prácticamente en cualquier situación si sonreímos o reímos. Por eso una sonrisa aleja los problemas y preocupaciones de la mente y ahí surge el verdadero espacio para cambiar de rumbo un conflicto.

Todos sabemos que negociar con alguien que pensamos es difícil, nos lleva a tener una coraza, para estar pendiente siempre y poner en duda todas sus propuestas, por eso creo que es también labor de los mediadores y mediadoras conseguir que una sonrisa sea la llave para ver vías de solución. ¿imposible? Piensan muchos. ¿Y porqué no? Pienso yo.

No olvides querido lector, que si sonríes, podrás expresar con mayor claridad tus puntos de vista y serás más consciente al tomar decisiones, en lugar de gastar tu energía pensando en salir de la negociación lo antes posible, o en el malestar que te causa la persona que tienes enfrente.