jueves, 5 de febrero de 2026

Decir lo que piensas o pensar lo que dices…

 


“Entonces, continuó la Liebre, debieras decir lo que piensas.

- Pero ¡si es lo que estoy haciendo!, se apresuró a decir Alicia.

Al menos…, al menos pienso lo que digo…, que después de todo viene a ser la misma cosa, ¿no?

- ¿La misma cosa? ¡De ninguna manera!, negó enfáticamente el Sombrerero. ¡Hala! Si fuera así, entonces también daría igual decir: “Veo cuanto como” que “como cuanto veo”.

- ¡Qué barbaridad!, coreó la Liebre de Marzo. Sería como decir que da lo mismo afirmar “me gusta cuanto tengo”, que “tengo cuanto me gusta”.

- Valdría tanto como querer afirmar, añadió el Lirón, que parecía hablar en sueños, que da igual decir “respiro cuando duermo” que “duermo cuando respiro”.

- Eso sí que te da igual a ti, exclamó el Sombrerero.

Y con esto cesó la conversación.

(Lewis Carroll, “Alicia en el país de las maravillas”)

¿Qué nos quiere enseñar el texto?

¿Crees que todas las personas deben decir lo que piensan?

¿Se debe pensar lo que hay que decir antes de hablar?

"Pensar lo que dices" es un principio de prudencia y asertividad que busca la calidad en la comunicación, evitando ofender o generar malentendidos, mientras que "decir lo que piensas" sin filtro puede causar conflictos. Esta es la verdadera situación que vivimos en las sesiones de mediación. La verdadera habilidad comunicativa consiste en ser sincero pero respetuoso, filtrando los pensamientos para que sean constructivos antes de articularlos. Es la única forma de conseguir que se escuchen y comprendan, aunque no compartan su visión. Eso si que es mediar, conseguir que las partes al menos se reconozcan desde lo que han pensado decir.

Según mi experiencia en negociaciones, cuáles serían los aspectos clave para entender las diferencias:

Pensar lo que dices supone tener prudencia: Es fundamental pensar antes de hablar para evitar la impulsividad, la ira y arrepentirse de palabras hirientes. Implica elegir bien las palabras para enseñar o comunicar sin dañar.

Mientras que decir lo que piensas supone Asertividad/Sinceridad: Implica expresar derechos, opiniones e ideas de manera honesta y directa, pero siempre desde el respeto y sin herir a los demás.

Realmente siendo coherentes cuando hay una negociación en un conflicto, la mejor opción puede ser combinar ambas. De tal manera que seas honesto diciendo lo que piensas, pero a su vez, hacerlo con cierta empatía y tras una reflexión previa que permita abrir una vía distinta de negociación y conversación. Eso te permitirá cierta coherencia, siempre desde el control que debemos ejercer los mediadores.

El ejemplo que hemos puesto al principio de Alicia en el País de las Maravillas, se diferencia entre "decir lo que piensas" (franqueza) y "pensar lo que dices" (prudencia), sugiriendo que no son lo mismo y la segunda opción es más sabia.

La clave es la comunicación asertiva, donde se da voz a los propios pensamientos pero con la madurez de saber cómo y cuándo expresarlo, solo así abriremos una vía de diálogo y por supuesto de búsqueda del acuerdo


¿Cabe mediar entre plataformas y usuarios de las redes sociales?

 


Es una pregunta que me surge hoy, un momento en el que se debate si se prohíbe el acceso a los menores de 16 años. ¿Son los directivos de las redes sociales los responsables de lo que ocurran en ellas? Las compañías no son responsables del contenido que publican los usuarios en internet. Las plataformas solo deben eliminar el contenido ilegal si tienen conocimiento del mismo, aunque sí tienen obligación de no potenciar la propagación de dichos contenidos, es decir, que sus algoritmos no promuevan esa información.

Como todo lo que es relativamente nuevo, las redes sociales plantean debates en los que se pueden encontrar posturas muy diversas. Además, se las analiza desde distintas disciplinas, por ejemplo, la sociología, la política, la economía y la psicología. ¿Qué puede aportar la mediación? Entiendo que siempre será la vía más adecuada para resolver los conflictos entre particulares y entidades o personas jurídicas y, sobre todo, hoy en día con la gran difusión de los medios on-line, ya que la mediación contribuye a reducir los tiempos de resolución de conflictos, pero con el gran hándicap del “desequilibrio de poder” una de las principales piedras en el camino de los procesos de gestión de conflictos.

El debate sobre el uso de las redes sociales es muy amplio: ¿Cuáles son sus ventajas y sus desventajas? ¿Las personas están más conectadas con otras o, por el contrario, menos conectadas? ¿Son fuentes confiables de información o divulgan información falsa? ¿Todas las personas pueden acceder y utilizar las redes sociales de la misma manera? ¿Generan cambios reales en la sociedad o solo la apariencia de que algo cambió? ¿Cómo se relacionan con la política?.

Según los expertos, el principal problema de las redes sociales radica en su impacto negativo sobre la salud mental y la privacidad, generado por la adicción, la constante comparación social, el ciberacoso y la desinformación. Estas plataformas fomentan la ansiedad, depresión, aislamiento y la búsqueda de validación (likes), afectando gravemente a los adolescentes.

Según estas circunstancias, los principales problemas y riesgos, que podemos encontrar ante una situación de conflicto, son mediados dónde están afectos a:

La salud mental: con problemas de ansiedad, depresión, baja autoestima, trastornos del sueño y problemas de imagen corporal debido a la comparación social y la presión por la validación.

El riesgo de la adicción y determinado comportamiento: Uso compulsivo que provoca aislamiento social, conflictos familiares y disminución de la productividad, afectando especialmente a jóvenes entre 12 y 24 años.

Problemas de seguridad y privacidad (quizás los más problemáticos de atender en mediación): Robo de identidad, ciberacoso, phishing y la exposición a contenido inapropiado o deepfakes.

Situaciones de impacto cognitivo y social: Reducción en la capacidad de atención, menor comunicación cara a cara y la propagación de fake news.

También se detecta que los algoritmos están diseñados para retener la atención, lo que a menudo fomenta la polarización y emociones negativas.

Ante todo ello, ¿Es posible mediar? Quien me conoce sabe que esta es una “medicina” especialmente útil cuando las relaciones continúan en el tiempo, pero ¿y si es algo aislado? ¿o si el uso continuado supone una relación mayor? Tened siempre en cuanta que la mediación es un método cuyo apellido lo pone el conflicto, en este caso, el uso de las redes sociales.

El tiempo dirá