“Entonces, continuó la Liebre,
debieras decir lo que piensas.
- Pero ¡si es lo que estoy
haciendo!, se apresuró a decir Alicia.
Al menos…, al menos pienso lo
que digo…, que después de todo viene a ser la misma cosa, ¿no?
- ¿La misma cosa? ¡De ninguna
manera!, negó enfáticamente el Sombrerero. ¡Hala! Si fuera así, entonces
también daría igual decir: “Veo cuanto como” que “como cuanto veo”.
- ¡Qué barbaridad!, coreó la
Liebre de Marzo. Sería como decir que da lo mismo afirmar “me gusta cuanto
tengo”, que “tengo cuanto me gusta”.
- Valdría tanto como querer
afirmar, añadió el Lirón, que parecía hablar en sueños, que da igual decir
“respiro cuando duermo” que “duermo cuando respiro”.
- Eso sí que te da igual a ti,
exclamó el Sombrerero.
Y con esto cesó la
conversación.
(Lewis Carroll, “Alicia en el
país de las maravillas”)
¿Qué nos quiere enseñar el
texto?
¿Crees que todas las personas
deben decir lo que piensan?
¿Se debe pensar lo que hay que
decir antes de hablar?
"Pensar lo que
dices" es un principio de prudencia y asertividad que busca la calidad en
la comunicación, evitando ofender o generar malentendidos, mientras que
"decir lo que piensas" sin filtro puede causar conflictos. Esta es la
verdadera situación que vivimos en las sesiones de mediación. La verdadera
habilidad comunicativa consiste en ser sincero pero respetuoso, filtrando los
pensamientos para que sean constructivos antes de articularlos. Es la única
forma de conseguir que se escuchen y comprendan, aunque no compartan su visión.
Eso si que es mediar, conseguir que las partes al menos se reconozcan desde lo
que han pensado decir.
Según mi experiencia en
negociaciones, cuáles serían los aspectos clave para entender las diferencias:
Pensar lo que dices supone
tener prudencia: Es fundamental pensar antes de hablar para evitar la
impulsividad, la ira y arrepentirse de palabras hirientes. Implica elegir bien
las palabras para enseñar o comunicar sin dañar.
Mientras que decir lo que
piensas supone Asertividad/Sinceridad: Implica expresar derechos, opiniones e
ideas de manera honesta y directa, pero siempre desde el respeto y sin herir a
los demás.
Realmente siendo coherentes
cuando hay una negociación en un conflicto, la mejor opción puede ser combinar
ambas. De tal manera que seas honesto diciendo lo que piensas, pero a su vez,
hacerlo con cierta empatía y tras una reflexión previa que permita abrir una
vía distinta de negociación y conversación. Eso te permitirá cierta coherencia,
siempre desde el control que debemos ejercer los mediadores.
El ejemplo que hemos puesto al
principio de Alicia en el País de las Maravillas, se diferencia entre
"decir lo que piensas" (franqueza) y "pensar lo que dices"
(prudencia), sugiriendo que no son lo mismo y la segunda opción es más sabia.
La clave es la comunicación
asertiva, donde se da voz a los propios pensamientos pero con la madurez de
saber cómo y cuándo expresarlo, solo así abriremos una vía de diálogo y por
supuesto de búsqueda del acuerdo

