lunes, 9 de febrero de 2026

Conversemos sobre el acuerdo en mediación

 


La semana pasada tuve el honor de ser invitado a un encuentro de zoom por parte de la Asociación Madrileña de Mediación, en la persona de su presidenta Rocío Sampere y os puedo asegurar que disfruté mucho con las intervenciones de todos aquellos que tuvieron la deferencia de conectarse.

Lo primero que comenté es la importancia de haberle llamado al encuentro con la palabra “conversatorio”, porque con ello el beneficio entre todos era evidente:  es la convergencia de quienes, poseyendo diversos saberes, se reúnen para compartirlos, para intercambiarlos, para ponerlos a prueba al confrontarlos con otros saberes

Quería reflexionar sobre las consecuencias de llegar o no a un acuerdo cuando iniciamos un proceso de mediación.

Y lo primero que propuse es la necesidad de llegar a una situación de madurez necesaria en la negociación para que ello se produzca.

Así se inició la “conversación”. Conversar, querido lector, es comunicar en ambas direcciones. La diferencia entre conversar y comunicar es muy importante también en mediación. Se habla de comunicar, hablar, ser asertivo, empatizar, escuchar, dialogar, pero pocas veces se habla de la necesidad de conversar entre los mediados.

La conversación entre y con ellos, muchas veces se centra en sus posiciones, lo que piden (conversación posicional); otras veces tratamos en la misma su situación emocional para calibrar el momento idóneo de avanzar (conversación emocional); otras veces intentando restaurar heridas buscamos una conversación más curativa (conversación terapéutica) buscando la transformación de las relaciones entre ellos; y por último obtendríamos una conversación transaccional, en la que busquemos y hallemos las cesiones y concesiones necesarias para llegar a un acuerdo. Así lograremos transformar conversaciones en decisiones, decisiones en acciones y acciones en resultados.

Llegar a un acuerdo permite avanzar, resolver conflictos, que no olvidemos en nuestra principal misión y generar beneficios mutuos, aunque también conlleva el riesgo de ceder en intereses propios y requerir un seguimiento constante ante posibles decepciones si el acuerdo no es estable.

Aún así lo cierto es que si no se llega a un acuerdo lo más común es que se intensifique el conflicto, se deterioren las relaciones o incluso genere una frustración difícil de gestionar posteriormente.

Finalmente me atrevería con ocasión de aquél conversatorio las distintas consecuencias de llegar o no a un acuerdo.

Las consecuencias de conseguir un acuerdo las resumiría de la siguiente manera:

Ventajas: Permite el crecimiento, la transformación positiva de conflictos y la creación de un marco de trabajo sólido.

Riesgos: Un acuerdo sin claridad o mecanismos de seguimiento puede desmoronarse, causando arrepentimiento por el tiempo perdido.

Necesidad de Gestión: Requiere compromiso para cumplir lo pactado y un seguimiento para evitar malentendidos. 

Y las consecuencias de no llegar a un acuerdo, yo señalaría:

El estancamiento: El conflicto se intensifica, produciendo frustración, enojo y resentimiento.

La ruptura casi definitiva de relaciones: La falta de consenso puede romper lazos personales o profesionales.

Incertidumbre: Se pierde la oportunidad de controlar la solución, obligando a asumir riesgos o depender de terceras partes (juicios, arbitrajes). 

Reflexión Final:


La clave reside en el “MAAN” (Mejor Alternativa a un Acuerdo Negociado). Solo se debe cerrar un trato si la propuesta es mejor que el plan B, evitando el "acuerdo por presión" que lleva al fracaso posterior. Ambas situaciones son oportunidades: el acuerdo para cooperar y el desacuerdo para reevaluar y fortalecer la propia postura. 

Por eso yo te recomendaría que en el acta final de acuerdo, pongas una fecha de revisión del ACUERDO, DA UNA GARANTÍA, firmarán más convencidos


jueves, 5 de febrero de 2026

Decir lo que piensas o pensar lo que dices…

 


“Entonces, continuó la Liebre, debieras decir lo que piensas.

- Pero ¡si es lo que estoy haciendo!, se apresuró a decir Alicia.

Al menos…, al menos pienso lo que digo…, que después de todo viene a ser la misma cosa, ¿no?

- ¿La misma cosa? ¡De ninguna manera!, negó enfáticamente el Sombrerero. ¡Hala! Si fuera así, entonces también daría igual decir: “Veo cuanto como” que “como cuanto veo”.

- ¡Qué barbaridad!, coreó la Liebre de Marzo. Sería como decir que da lo mismo afirmar “me gusta cuanto tengo”, que “tengo cuanto me gusta”.

- Valdría tanto como querer afirmar, añadió el Lirón, que parecía hablar en sueños, que da igual decir “respiro cuando duermo” que “duermo cuando respiro”.

- Eso sí que te da igual a ti, exclamó el Sombrerero.

Y con esto cesó la conversación.

(Lewis Carroll, “Alicia en el país de las maravillas”)

¿Qué nos quiere enseñar el texto?

¿Crees que todas las personas deben decir lo que piensan?

¿Se debe pensar lo que hay que decir antes de hablar?

"Pensar lo que dices" es un principio de prudencia y asertividad que busca la calidad en la comunicación, evitando ofender o generar malentendidos, mientras que "decir lo que piensas" sin filtro puede causar conflictos. Esta es la verdadera situación que vivimos en las sesiones de mediación. La verdadera habilidad comunicativa consiste en ser sincero pero respetuoso, filtrando los pensamientos para que sean constructivos antes de articularlos. Es la única forma de conseguir que se escuchen y comprendan, aunque no compartan su visión. Eso si que es mediar, conseguir que las partes al menos se reconozcan desde lo que han pensado decir.

Según mi experiencia en negociaciones, cuáles serían los aspectos clave para entender las diferencias:

Pensar lo que dices supone tener prudencia: Es fundamental pensar antes de hablar para evitar la impulsividad, la ira y arrepentirse de palabras hirientes. Implica elegir bien las palabras para enseñar o comunicar sin dañar.

Mientras que decir lo que piensas supone Asertividad/Sinceridad: Implica expresar derechos, opiniones e ideas de manera honesta y directa, pero siempre desde el respeto y sin herir a los demás.

Realmente siendo coherentes cuando hay una negociación en un conflicto, la mejor opción puede ser combinar ambas. De tal manera que seas honesto diciendo lo que piensas, pero a su vez, hacerlo con cierta empatía y tras una reflexión previa que permita abrir una vía distinta de negociación y conversación. Eso te permitirá cierta coherencia, siempre desde el control que debemos ejercer los mediadores.

El ejemplo que hemos puesto al principio de Alicia en el País de las Maravillas, se diferencia entre "decir lo que piensas" (franqueza) y "pensar lo que dices" (prudencia), sugiriendo que no son lo mismo y la segunda opción es más sabia.

La clave es la comunicación asertiva, donde se da voz a los propios pensamientos pero con la madurez de saber cómo y cuándo expresarlo, solo así abriremos una vía de diálogo y por supuesto de búsqueda del acuerdo


¿Cabe mediar entre plataformas y usuarios de las redes sociales?

 


Es una pregunta que me surge hoy, un momento en el que se debate si se prohíbe el acceso a los menores de 16 años. ¿Son los directivos de las redes sociales los responsables de lo que ocurran en ellas? Las compañías no son responsables del contenido que publican los usuarios en internet. Las plataformas solo deben eliminar el contenido ilegal si tienen conocimiento del mismo, aunque sí tienen obligación de no potenciar la propagación de dichos contenidos, es decir, que sus algoritmos no promuevan esa información.

Como todo lo que es relativamente nuevo, las redes sociales plantean debates en los que se pueden encontrar posturas muy diversas. Además, se las analiza desde distintas disciplinas, por ejemplo, la sociología, la política, la economía y la psicología. ¿Qué puede aportar la mediación? Entiendo que siempre será la vía más adecuada para resolver los conflictos entre particulares y entidades o personas jurídicas y, sobre todo, hoy en día con la gran difusión de los medios on-line, ya que la mediación contribuye a reducir los tiempos de resolución de conflictos, pero con el gran hándicap del “desequilibrio de poder” una de las principales piedras en el camino de los procesos de gestión de conflictos.

El debate sobre el uso de las redes sociales es muy amplio: ¿Cuáles son sus ventajas y sus desventajas? ¿Las personas están más conectadas con otras o, por el contrario, menos conectadas? ¿Son fuentes confiables de información o divulgan información falsa? ¿Todas las personas pueden acceder y utilizar las redes sociales de la misma manera? ¿Generan cambios reales en la sociedad o solo la apariencia de que algo cambió? ¿Cómo se relacionan con la política?.

Según los expertos, el principal problema de las redes sociales radica en su impacto negativo sobre la salud mental y la privacidad, generado por la adicción, la constante comparación social, el ciberacoso y la desinformación. Estas plataformas fomentan la ansiedad, depresión, aislamiento y la búsqueda de validación (likes), afectando gravemente a los adolescentes.

Según estas circunstancias, los principales problemas y riesgos, que podemos encontrar ante una situación de conflicto, son mediados dónde están afectos a:

La salud mental: con problemas de ansiedad, depresión, baja autoestima, trastornos del sueño y problemas de imagen corporal debido a la comparación social y la presión por la validación.

El riesgo de la adicción y determinado comportamiento: Uso compulsivo que provoca aislamiento social, conflictos familiares y disminución de la productividad, afectando especialmente a jóvenes entre 12 y 24 años.

Problemas de seguridad y privacidad (quizás los más problemáticos de atender en mediación): Robo de identidad, ciberacoso, phishing y la exposición a contenido inapropiado o deepfakes.

Situaciones de impacto cognitivo y social: Reducción en la capacidad de atención, menor comunicación cara a cara y la propagación de fake news.

También se detecta que los algoritmos están diseñados para retener la atención, lo que a menudo fomenta la polarización y emociones negativas.

Ante todo ello, ¿Es posible mediar? Quien me conoce sabe que esta es una “medicina” especialmente útil cuando las relaciones continúan en el tiempo, pero ¿y si es algo aislado? ¿o si el uso continuado supone una relación mayor? Tened siempre en cuanta que la mediación es un método cuyo apellido lo pone el conflicto, en este caso, el uso de las redes sociales.

El tiempo dirá