Siempre
me interesé por todo aquello que no tenía que ver con mi profesión de abogado.
El destino hizo que me enamorara de la profesión de mediador y empecé a
descubrir la verdadera dimensión de humanizar el mundo del derecho.
Por
eso hoy querido lector me gustaría llevarte al mundo de la psicología, que
parece no estar permitido en mi ciencia, pero que a buen seguro en el futuro
reclamará que estudios del derecho se proponga formarse en “psicología jurídica”.
¿Es
que el abogado, o el arquitecto o incluso el ingeniero no siente emociones? Es
en este punto donde debemos entender que sea cual sea nuestra profesión la
emociones vehiculan nuestro trabajo. El miedo, la tristeza, la alegría, el enfado
o la sorpresa son compañeras siempre de nuestro trabajo.
Es ahí
donde recomiendo la técnica del semáforo, para poder entender según la emoción
que están viviendo nuestros clientes, si el mismo está en verde, en amarillo o
en rojo y no debemos “circular” en nuestras sesiones.
Pero ¿Qué
debemos conocer de este mundo sin ser psicólogos/as?
En
primer lugar yo señalaría la importancia de entender y validar la
comprensión del entorno social, socio económico y familiar porque influye
en el comportamiento de las personas en conflicto y es necesario ser
conscientes del mismo para analizar los casos.
También
no por reiterativo, saber gestionar bien tus y sus emociones. Y digo
ambas porque todos somos humanos y nos pueden afectar de una u otra forma los
casos que atendemos.
Eso
nos lleva a practicar una y otra vez la habilidad de la comunicación,
tanto verbal como no verbal y tener una gran capacidad de escucha, paciencia y
tolerancia con las partes. Solo así podremos conseguir que nos legitimen para
poder trabajar con ellos.
En
cuarto lugar señalaría el cada vez más importante dominio de la inteligencia
emocional, siendo esta la capacidad de comprender, utilizar y gestionar de
manera positiva nuestras propias emociones para aliviar el estrés, comunicarnos
de forma efectiva, empatizar con los demás, superar desafíos y resolver
conflictos. Y junto a ella la “inteligencia lingüística” para emplear palabras
de manera efectiva; “la inteligencia corporal” y con ello saber utilizar todo
el cuerpo para expresar nuestras ideas; “la inteligencia espacial” y saber
pensar en tres dimensiones para ver el conflicto desde distintos puntos de
vista; y por supuesto “la inteligencia interpersonal” y “la inteligencia
intrapersonal”, para empatizar con los demás o saber dirigir tu propia vida. Todas
ellas derivadas de Richard Gardner, el autor de las mismas junto a otros tipos
de inteligencia.
También
debemos conocer la llamada (”programación neurolingüística (PNL)” entendida
esta como un conjunto de modelos, habilidades y técnicas para pensar, hablar y
actuar de forma efectiva. Y que nos permitirá saber negociar desde el
conocimiento de lo que de verdad expresamos.
Y para
terminar, apostaría también por conocer la denominada “resiliencia”,
cómo aquél proceso del ser humano de saber adaptarse de la mejor forma ante la
adversidad, la aparición de un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión
significativas, como problemas, todos aquellos con los que acuden a la
mediación y que les hace ver una
oportunidad donde hay un problema, familiares o de relaciones personales,
problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras.
Debemos
entender en este último punto que para conseguir ser una persona “resiliente”
es necesario:
-
Autoconocimiento emocional.
-
Adaptabilidad ante los cambios.
-
Tener un optimismo realista.
-
Autoconfianza.
-
Trabajar la habilidad para resolver problemas.
-
Capacidad de aprender de las adversidades.
-
Y habilidad para manejar el estrés.
En
definitiva, acerquémonos a la psicología y seamos capaces de hablar sin miedo
de estos conceptos, igual que a otras profesiones les pedimos por ejemplo que
conozcan el marco legal de los temas que trabajan